|
25 años después del 9/11
|
|
Autor
|
Lcda. Zoimé Álvarez Rubio
|
|
Fecha
|
11/09/2026
|
|
|
|
|
|
El 11 de septiembre de 2001 marcó un antes y un después para Estados Unidos y para el mundo. A 25 años de los ataques, las imágenes de aquel día permanecen en nuestra memoria. Pero recordar esta fecha también requiere mirar las lecciones que dejó y reconocer el trabajo realizado durante estas dos décadas y media para evitar que una tragedia de esa magnitud vuelva a repetirse.
Una de esas lecciones fue entender que la seguridad no puede depender únicamente de nuestra capacidad para responder a una amenaza. Tiene que comenzar mucho antes: con prevención, vigilancia, análisis de información y colaboración.
Después del 11 de septiembre, Estados Unidos transformó significativamente su estrategia de seguridad. Se fortalecieron los mecanismos de inteligencia y se ampliaron los canales para compartir información entre agencias y sectores. El propósito fue identificar señales de riesgo y actuar antes de que una amenaza llegara a concretarse.
Veinticinco años después, Estados Unidos no ha vuelto a experimentar un ataque terrorista coordinado por una organización extranjera de la escala del 11 de septiembre. Esto no significa que las amenazas hayan desaparecido. Han evolucionado. Hoy pueden combinar elementos físicos y cibernéticos, utilizar nuevas tecnologías y plataformas digitales, y desarrollarse de formas cada vez más difíciles de identificar.
Por eso, prevenir no consiste solamente en preguntarnos dónde puede surgir una amenaza. También requiere identificar dónde existen vulnerabilidades y qué podemos hacer para reducirlas. Puerto Rico y sus distintos sectores no están ajenos a esa responsabilidad.
El sector financiero tiene un rol importante dentro de ese esfuerzo de identificar situaciones de riesgo. Los servicios financieros forman parte de los sectores de infraestructura crítica del país, esenciales tanto para la seguridad nacional como para la seguridad económica. Pero la responsabilidad de las instituciones financieras va más allá de proteger su propia infraestructura.
La banca opera bajo un marco legal y regulatorio que le asigna responsabilidades específicas en la prevención del lavado de dinero y el financiamiento del terrorismo. Tras los ataques del 11 de septiembre, el USA PATRIOT Act fortaleció estas obligaciones, incluyendo los procesos dirigidos a conocer y verificar la identidad de los clientes, monitorear transacciones e identificar y reportar actividad sospechosa.
Transacciones que se apartan del comportamiento habitual de una cuenta, movimientos de fondos sin un propósito económico aparente o intentos de evadir requisitos de reporte son algunas de las señales que pueden requerir atención. La capacidad de las instituciones financieras para identificar y reportar actividad sospechosa puede aportar información que, analizada junto con otros datos por las autoridades correspondientes, contribuya a identificar riesgos y prevenir posibles amenazas.
Ese trabajo ocurre diariamente. Precisamente ahí reside una de las particularidades de la prevención: cuando funciona, muchas veces su resultado es aquello que nunca llegamos a ver. Y eso es precisamente lo que queremos: coordinar esfuerzos de todos los sectores, incluyendo a la ciudadanía, para prevenir.
Por eso, 25 años después, no podemos bajar la guardia. Las amenazas de terrorismo seguirán transformándose y nuestra capacidad para prevenirlas tendrá que evolucionar con ellas. Esto requiere instituciones preparadas, infraestructura resiliente, colaboración entre el gobierno y el sector privado, intercambio responsable de información y una ciudadanía consciente de su papel en la seguridad colectiva.
Recordar el 11 de septiembre es honrar a quienes perdieron la vida, pero también preservar sus lecciones. La seguridad se construye todos los días, muchas veces silenciosamente, a través de la preparación, la vigilancia y la colaboración.
Porque prevenir también significa evitar que una amenaza llegue a convertirse en una realidad.
|
|
|